Algunas pruebas científicas muestran una mejora de los síntomas urinarios en sujetos que practican habitualmente actividades deportivas.

Muchas enfermedades del aparato urinario están relacionadas con factores de riesgo conocidos y estilos de vida incorrectos, por lo que es posible adoptar conductas útiles para su prevención a fin de reducir su incidencia o, en segundo lugar, realizar un diagnóstico precoz. Las actividades de prevención representan algunas de las acciones más importantes que deben llevarse a cabo en el ámbito de la salud.

Hay tres niveles de prevención:

  • La prevención primaria: es el primer instrumento de que disponemos para preservar nuestra salud y se basa en la modificación del propio estilo de vida; tiene por objeto reducir los factores de riesgo y, por tanto, la posible aparición de enfermedades relacionadas;
  • Prevención secundaria: se lleva a cabo mediante pruebas de detección destinadas a identificar las enfermedades en su estado inicial, a fin de permitir el denominado «diagnóstico temprano» que permite intervenir con prontitud y aumentar así las posibilidades de recuperación;
  • Prevención terciaria: está representada por la prevención de complicaciones, la probabilidad de recaída de una enfermedad o el manejo de una patología crónica.

Prevención y actividad física

En los hombres de más de 50 años, debido principalmente a la estimulación de las hormonas masculinas, puede producirse una hipertrofia prostática (o hiperplasia prostática benigna), que se caracteriza por un aumento del volumen de la glándula prostática, situada debajo de la vejiga.

Se manifiesta con la aparición de síntomas de las vías urinarias bajas: disminución de la producción de orina, aumento de la frecuencia de la micción, necesidad de despertarse por la noche para orinar y, a veces, urgencia urinaria, lo que causa considerables molestias en la vida cotidiana.

Recientemente se ha demostrado la correlación entre estos trastornos y los factores asociados a las enfermedades cardiovasculares y los trastornos metabólicos, como la dieta, la obesidad y la actividad física.

De hecho, la grasa corporal se reconoce ahora como un tejido metabólicamente activo capaz de producir hormonas y citoquinas inflamatorias que desempeñan importantes funciones en el metabolismo.

Algunas pruebas científicas muestran una mejora de los síntomas urinarios en los sujetos que practican deportes en comparación con los sujetos que llevan un estilo de vida sedentario. El nivel apropiado de actividad física para prevenir los síntomas no está totalmente determinado.

Sobre la base de estas observaciones, es aconsejable apoyar el desarrollo de nuevas estrategias para reducir la adiposidad fomentando un estilo de vida que incluya la práctica constante de una actividad física adecuada a fin de limitar la aparición de los síntomas descritos anteriormente.

Además, la adopción de una dieta más saludable (reduciendo la ingesta de grasas no saludables) puede ser eficaz para reducir la masa grasa y la consiguiente aparición de trastornos del tracto urinario inferior.

Riesgo de carcinoma

La neoplasia más común en los países occidentales es el cáncer de próstata. Ocupa el segundo lugar entre las causas de mortalidad por cáncer en los hombres. Tiene un origen multifactorial y es el resultado de la interacción de factores genéticos (familia y etnia) y factores ambientales (factores alimentarios y carcinógenos ambientales).

Para contrarrestar estos factores de riesgo podemos recurrir a algunos factores protectores como la vitamina A y D, los oligoelementos y los agentes antioxidantes, cuya exposición puede ayudar a reducir la incidencia de esta enfermedad.

La baja incidencia del cáncer de próstata en las poblaciones asiáticas podría estar relacionada con una dieta baja en lípidos y alta en fibra y fitoestrógenos. La dieta occidental, rica en grasas animales, parece tener un efecto en la promoción del crecimiento de los tumores.

Algunas sustancias presentes en la naturaleza también tienen una acción quimiopreventiva, como la vitamina E, el licopeno, los polifenoles, el selenio y el zinc. A pesar de estas pruebas, todavía no podemos llevar a cabo una prevención primaria totalmente eficaz del carcinoma de próstata mediante cambios en el estilo de vida y la dieta o mediante el uso de medicamentos antioxidantes.

También se ha sugerido en estudios recientes que la actividad física puede reducir el riesgo de cáncer de próstata. Aún no se ha establecido cuán intenso y frecuente debe ser, pero es seguro que un movimiento saludable es capaz de ayudar a nuestro organismo y también a nuestra próstata.

Cuidado con el humo y los hidrocarburos

El cáncer de vejiga es el cuarto cáncer más frecuente en los hombres y representa la octava causa de muerte por patologías oncológicas. Existe una predisposición genética en el desarrollo de esta enfermedad, pero el fumar tabaco es el factor de riesgo más importante. De hecho, se estima que alrededor del 50% de los casos están relacionados con el tabaquismo.

Los agentes del tabaquismo afectan negativamente el tejido que recubre la vejiga si este hábito negativo continúa durante muchos años; es quizás por esta razón que la aparición del cáncer de vejiga es más frecuente entre los 60 y 70 años, mientras que sólo en raras ocasiones la neoplasia se diagnostica en sujetos más jóvenes.

También parece que el tabaquismo está relacionado con un mayor riesgo de recurrencia y progresión de la enfermedad y, por lo tanto, con una mayor probabilidad de una intervención más agresiva para erradicar la enfermedad.

Por lo tanto, es importante dejar de fumar tanto para prevenir la aparición de la enfermedad como para reducir el riesgo de recurrencia. El uso exclusivo de la pipa y el cigarro (humo no inhalado), por el contrario, no cambia el riesgo de aparición de cáncer de vejiga. La exposición laboral a ciertos productos químicos como las aminas aromáticas, los hidrocarburos policíclicos y los hidrocarburos clorados es el segundo factor de riesgo más importante para el cáncer de vejiga.

Estas sustancias están contenidas en pinturas, tintes y productos derivados del petróleo. En los lugares de trabajo, existen programas de seguridad para reducir el alto riesgo al que se exponen los trabajadores por estas sustancias altamente cancerígenas, como el uso de máscaras y sistemas de purificación de aire. La asociación entre el uso de tintes para el cabello y el riesgo de desarrollar cáncer de vejiga sigue siendo incierta.

Factores dietéticos

En cuanto a los factores alimentarios, algunos estudios han demostrado que el cáncer de vejiga tiene una mayor incidencia en presencia de una dieta alta en grasas y baja en frutas y verduras. Incluso el consumo de frutos secos, por la riqueza de vitaminas, zinc y ácidos grasos insaturados (especialmente el omega-3), desempeña ciertamente un papel protector antiinflamatorio.

En la práctica clínica, se recomienda la ingesta diaria de frutas y verduras para la prevención de muchas enfermedades cancerígenas y existen pruebas consistentes que apoyan su acción protectora contra el cáncer de vejiga. Parece que la ingesta de vegetales crucíferos (col, coles de Bruselas y verduras de hoja verde) puede ayudar a prevenir esta enfermedad.

Además, en particular la granada, los cítricos y la cúrcuma, se encuentran entre las hortalizas la especie más protectora en absoluto según los estudios más recientes.

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