Conocer a las mascotas y aprender a cuidarlas adecuadamente puede evitar que los niños desarrollen infecciones molestas y enfermedades peligrosas.

Traer una mascota a casa no es un paso fácil y no debería ser una decisión superficial. Demasiadas veces nuestros hijos insisten en realizar su sueño de tener un perro, un gato o cualquier otra mascota, pero nosotros los adultos somos conscientes de lo mucho que la presencia de un animal en la casa puede implicar frecuentes episodios negativos.

Por lo tanto, es importante compartir con el niño un pacto que todos deben comprometerse a respetar en lo que respecta a la gestión del recién llegado. Además, cuando se les pide que adopten un cachorro, los padres a menudo temen que la presencia de un animal pueda introducir gérmenes o bacterias en el hogar, siempre listos para transmitir infecciones o enfermedades molestas.

Posibles riesgos

Contraer enfermedades o infecciones causadas por la presencia de un animal de compañía es, en realidad, una posibilidad muy remota y, si el niño no tiene un sistema inmunológico deprimido, bastarán algunas pequeñas precauciones para evitar el peligro. Así que veamos cuáles pueden ser las enfermedades que los animales, incluso las mascotas, pueden transmitir a los humanos.

La enfermedad del arañazo de gato es una infección bacteriana potencialmente peligrosa para los niños que se manifiesta con el agrandamiento de los ganglios linfáticos y la fiebre. Es causada por la Bartonella, una bacteria que está presente bajo las uñas del gato, especialmente en los primeros seis meses de vida, y que puede atacar al organismo humano a través de una solución (una herida).

También en la Toxoplasmosis el gato es el animal de referencia: cuando es portador de la enfermedad se convierte en el huésped en el que se reproduce el parásito. Los seres humanos pueden infectarse al entrar en contacto con heces contaminadas (no las que se acaban de emitir, sino que se prolongan durante 2/3 días), así como al ingerir verduras y frutas contaminadas con excrementos de gato.

Pueden transmitirse por contacto con los animales, causando irritación y picor, incluso algunas dermatitis causadas por hongos (tiña) o ácaros (sarna). Los parásitos como las pulgas y las garrapatas (no los piojos porque los de los animales no se transmiten a los humanos) pueden infestar la piel del niño y, si se infectan, además del inofensivo picor, pueden causar verdaderas enfermedades (enfermedad de Lyme y otras).

Finalmente, incluso las aves, especialmente los loros, deben ser bien cuidados para evitar que, a través de sus heces o el polvo de la jaula, puedan transmitir enfermedades como la Psitacosis.

Este breve resumen de las enfermedades transmisibles no pretende alarmar a los que están a punto de recibir una mascota, sino que para hacer aún más conscientes nos permitirá disfrutar de la compañía de los cachorros sin riesgo y peligro.

Precauciones

En primer lugar hay que prestar atención a la salud del animal, haciendo visitas periódicas y realizando las vacunaciones recomendadas, utilizando aerosoles antiparasitarios, que se aplicarán sobre el pelaje del perro/gato pero también sobre las alfombras y sobre la alfombra de la casa y manteniendo bien limpias las perreras y las bandejas sanitarias; estas últimas, en particular, deben lavarse con agua caliente (60°) para evitar el efecto de los gérmenes presentes en las heces de los gatos.

No es higiénico acostumbrar a tu amigo de cuatro patas a acurrucarse en la cama, ya que su pelo puede esconder parásitos y debes evitar el contacto con la saliva de tu mascota, ya que es un receptáculo de virus y bacterias. También es importante explicar a nuestros hijos que un arañazo de un gatito jugando felizmente con un ovillo de lana puede ser un vehículo de enfermedad.

Por último, es una buena idea acostumbrar a los niños a lavarse las manos a menudo cuando juegan en el suelo o en la tierra, pero también después de acariciar a su amigo peludo. Este gesto, aparentemente trivial, también lo protegerá de las muchas enfermedades virales que acompañan a la temporada de invierno.

Efectos en el sistema inmunológico

Otro temor que a veces dificulta la adopción es la idea de que, sobre todo en el caso de los animales de pelo largo, puede desencadenar molestas alergias por el polvo que se introduce en su pelaje.

Todo esto no corresponde a la verdad y está demostrado por estudios publicados en revistas pediátricas autorizadas que afirman que el contacto con animales domésticos, desde los primeros meses de vida del niño, estimula el sistema inmunológico para defenderse con mejores resultados contra las infecciones más frecuentes; además, otros estudios americanos demuestran la eficacia del polvo presente en el pelo del perro o del gato para combatir la infección por el Virus Sincitial Respiratorio (VSR), causa de la bronquiolitis en los lactantes.

Conociendo al animal

Un obstáculo para la adopción de un cachorro también está representado por el miedo a situaciones en las que los animales se vuelven repentinamente y violentamente contra su dueño, sin ninguna razón aparente. Estamos hablando de casos extremadamente raros que, si se analizan, nos muestran que, en la mayoría de las circunstancias, la violencia del animal es provocada, de forma totalmente involuntaria, por el propio hombre.

Por ejemplo, el niño que se acerca al animal que está comiendo puede ser un peligro potencial, así como el hábito de jugar juegos «violentos» con el animal que, aunque sea un cachorro, podría tener reacciones impredecibles. Además, el sentimiento de apego hacia el dueño puede desencadenar reacciones agresivas: el niño que corre hacia su padre puede ser interpretado por el animal como un peligro potencial para el propio dueño. Estas son situaciones extremas que pueden ser evitadas enseñando a nuestro hijo el enfoque correcto del animal.

Aspectos psicológicos

Después de hablar de los peligros, creo que también es útil subrayar los aspectos positivos de la introducción de un cachorro en el entorno familiar. Por ejemplo, observar la relación que se establece entre el niño y el animal puede ser útil para comprender la situación emocional de nuestro hijo: la relación errónea del niño con el animal podría revelar, de hecho, un posible malestar psicológico.

En los casos de niños con autismo, por ejemplo, la proximidad de una mascota podrá mejorar la autoestima y la capacidad de socialización, permitiendo una interacción más eficaz con las personas cercanas. ¿Qué pasa con los niños que siempre están en movimiento, hiperactivos o agresivos que pueden canalizar su energía, a menudo incontrolable, en el cuidado de un cachorro de perro?

Crecer con una mascota ayuda a nuestro hijo a tener respeto por los demás, a superar la desconfianza en la diversidad y, por lo tanto, a mejorar su equilibrio psico-físico. Además, la presencia de una mascota puede ser útil para aliviar la ansiedad que siente el niño por la ausencia de uno de los padres en los casos de separación y, aunque no resuelve el problema, permite al niño encontrar una complicidad útil.

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