La capacidad de soportar las tormentas de la vida es una habilidad personal que es particularmente útil en el entorno social actual.

La situación de emergencia vinculada a la epidemia del Coronavirus ha puesto a prueba nuestros recursos porque, además de tener que hacer frente a algo impredecible, nos vemos obligados a perturbar nuestro modo de vida y no es tan evidente poder hacerlo sin mayores consecuencias a nivel de equilibrio personal. La capacidad de resistencia puede ser un recurso importante, pero tratemos de comprenderla mediante un símil significativo.

El ejemplo del bambú

El bambú es una planta china con propiedades prodigiosas y no sé si alguna vez le ha sucedido a alguno de ustedes observar su comportamiento durante una tormenta. Bueno, se dobla casi hasta el punto de apoyarse en el suelo sin romperse y sin desarraigarse. Por esta razón, simboliza efectivamente la capacidad humana para hacer frente a las dificultades de la existencia. El bambú es capaz de hacer todo esto porque durante los primeros años de su vida no crece en altura, sino que invierte sus energías en desarrollar raíces sólidas en el suelo y fortalecerse para expandirse.

Sólo después de 4 o 5 años comienza de repente a elevarse vigorosamente hacia el cielo. Su altura, dependiendo de la especie, puede alcanzar hasta 40 metros. El agricultor que la atendía con paciencia y perseverancia, incluso cuando no parecía estar creciendo, pudo ver cómo esta maravilla de la naturaleza se volvía poderosa y desempeñaba un papel importante en el ecosistema, liberando mucho más oxígeno que otros árboles y ofreciendo sus cualidades nutritivas. Debido a sus propiedades, la planta de bambú también se considera un símbolo de relaciones duraderas y un deseo de larga vida.

¿Cuáles son las lecciones?

La existencia de los seres humanos puede compararse con la del bambú porque requiere, de la misma manera, una inversión a largo plazo de recursos y paciencia para lograr algo importante y significativo a fin de iniciar el cambio.

También hay otra fuerte analogía entre el comportamiento del bambú y el período crítico que hemos estado atravesando durante meses. Podemos salir de la experiencia del aislamiento social empoderados y listos para «elevarse» de manera vigorosa, como la planta de bambú, si concebimos el período experimentado como una fase de preparación en la que invertimos tiempo en nosotros mismos para revitalizar y cultivar la resistencia.

Un ser humano es resistente si, después de un evento traumático, vuelve a las condiciones de vida anteriores fortalecido y, en el mejor de los casos, reorganizado.

¿Qué es la resistencia?

La resiliencia es un concepto extraído del campo de la ingeniería que indica la propiedad de un material de resistir a la rotura y volver a las condiciones iniciales. En Psicología se refiere a una característica de adaptación presente en cada persona desde su nacimiento, pero muchos, al crecer, no siempre son capaces de desarrollarla y/o explotarla de la mejor manera.

Cuando se es joven se es más flexible a los cambios y se teme menos a la imprevisibilidad de la vida: los niños se adaptan más rápidamente a los cambios que los adultos, que pierden la flexibilidad necesaria para ver las situaciones con otros ojos porque a menudo están condicionados por las experiencias pasadas, por sus pautas habituales y los prejuicios sobre la realidad.

El cambio como una oportunidad

Es muy probable que la experiencia del Coronavirus nos esté transformando y obligando a reorganizarnos y adaptarnos, pero también representa una oportunidad para comprender qué recursos debemos adquirir para mejorar la calidad de nuestra existencia cuando reanudemos plenamente nuestras rutinas diarias.

Cada cambio se caracteriza simultáneamente por el deseo de novedad y la resistencia a la misma. Algunos ejemplos podrían ser: el individuo que a pesar de padecer asma no es capaz de dejar de fumar; la persona con sobrepeso que quisiera perder peso, pero no come menos; el ciudadano que debería seguir las reglas establecidas de distanciamiento social para reducir el contagio pero siente una fuerte llamada a socializar; el individuo que quiere ir a la playa o de vacaciones aunque sabe que está arriesgando su propia salud y la de los demás.

Una persona que posee una buena capacidad de recuperación tiende a estar dotada de ciertas características que representan pilares importantes para su desarrollo: buena autoestima, empatía, optimismo, eficiencia comunicativa, capacidad de «resolución de problemas», sentido del humor y paciencia para poder esperar condiciones más favorables para alcanzar sus objetivos.

La importancia del contexto social

La resistencia de un individuo también está fuertemente influenciada por factores externos como el contexto social en el que vive. Recibir un apoyo social adecuado y tener relaciones satisfactorias aumenta la probabilidad de atravesar con éxito los acontecimientos traumáticos.

De hecho, los lazos sociales se fortalecen y se crean precisamente en los momentos de mayor dificultad, como sucede con el bambú cuando entrelaza sus raíces con las de otras plantas para fortalecerse y apoyarse mutuamente.

La emergencia del Coronavirus ha puesto seriamente a prueba los fundamentos de la resistencia porque el individuo, además de enfrentarse a algo impredecible y duradero, se ve obligado a relacionarse con los demás de forma diferente a la habitual para no arriesgarse al aislamiento social. El afecto y la empatía ya no se manifiestan a través de abrazos, besos y apretones de manos, sino a través de miradas, palabras y acciones.

Es bien sabido que el cambio, especialmente si es repentino y abrupto, desestabiliza y pone a prueba precisamente esas relaciones interpersonales que deberían ser la base de nuestras raíces.

Ayuda de Mindfulness

Una de las técnicas que se pueden utilizar para aumentar la resistencia es la «Mindfulness».

Las investigaciones han demostrado que las prácticas de mindfulness tienen un efecto en nuestro cerebro, que es un órgano que cambia con la experiencia (neuroplasticidad). La atención parece «guiar» los cambios, porque genera una remodelación de las redes neuronales y aumenta la capacidad de ser más resistente al estrés, promoviendo así la transformación de la vida de uno.

En particular, es útil aprender a «descentralizar» con respecto a los propios pensamientos y comprender que nuestra existencia no sólo tiene lugar en la mente sino también en el cuerpo. Para hacer todo esto, en primer lugar, sería apropiado estar más atentos a sí mismos, aprendiendo tanto a reconectarse con el momento presente como a tolerar, sin sucumbir, las sensaciones desagradables con el fin de aumentar el proceso de resistencia en tiempos de estrés.

La práctica de S.T.O.P.

Por lo tanto, un ejercicio muy simple de Mindfulness que puede apoyarnos en la interrupción de los automatismos, durante el día, podría estar representado por la práctica de S.T.O.P. que puede realizarse en cualquier lugar: en casa, en la playa, mientras se trabaja en el PC, en lugares aislados o cuando se está en contacto con la naturaleza. Como el propio acrónimo sugiere, hay cuatro pasos a realizar:

  • S= Parar, eso es parar por un momento lo que sea que estés haciendo;
  • T= (TAKE A BREATH) Respira, es decir, respira tranquila y profundamente y deja que tu cuerpo tome el aire que necesita;
  • O= Observa y toma conciencia de cómo estás en ese momento y de lo que sientes en cuerpo y mente;
  • P= Proceder, es decir, proceder a tomar una acción consciente en el «aquí y ahora» para responder a la pregunta «¿qué necesito ahora?»

Este ejercicio ayuda a dejar de implementar aquellas acciones inconscientes que nos engullen embruteciéndonos, distanciándonos del momento presente, como: pensar durante mucho tiempo, perder la noción del tiempo, comer mucho, pasar horas enteras frente al ordenador o la televisión, etc.

Reinvención creativa

Lo que está sucediendo es, por lo tanto, una oportunidad que contiene en sí misma infinitas posibilidades de regenerarse, de reinventarse creativamente, de asumir lo que es frustrante en la propia vida y, por qué no, también podría ser un buen momento para hacer ese cambio que anhelábamos pero que postergamos, pensando que siempre tendríamos tiempo para implementarlo.

Nuestra experiencia nos hace reflexionar sobre el hecho de que no somos inmortales y que la vida es como un viaje, no importa lo largo que sea, sino cómo lo hacemos. Por lo tanto, nos daremos cuenta de que todo será mejor si nosotros también nos comportamos como la planta de bambú durante la tormenta. Después de ser doblado por el viento, se recupera lenta pero seguramente y se mantiene orgulloso y fuerte en el cielo.

Un pensamiento budista dice: «Sé como el bambú, por fuera duro y compacto, por dentro blando y hueco. Sus raíces están firmemente adheridas al suelo y se entrelazan con las de otras plantas para fortalecerse y apoyarse mutuamente. El tallo se deja invertir libremente por el viento y, lejos de resistirlo, se dobla. Lo que se dobla es mucho más difícil de romper».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *