A menudo, debido a los hábitos de vida incorrectos, la hipertensión puede evitarse y combatirse con actividad física, evitando fumar y siguiendo una dieta saludable.

Más conocida como «presión arterial alta», la hipertensión es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. Se le llama muy a menudo el «asesino silencioso» porque, contrariamente a lo que se podría pensar, ataca sin dar señales de su presencia.

De hecho, se estima que alrededor del 40% de las personas con hipertensión no saben que son hipertensos y sólo se dan cuenta de ello cuando empiezan a controlar su presión arterial.

Por lo tanto, dado que se trata de una condición que no se manifiesta con síntomas, existe una tendencia general a dar mayor importancia a los valores de presión sanguínea más bajos porque son sintomáticos, sin considerar adecuadamente los valores altos, que son responsables de los accidentes cerebrovasculares y de los graves daños al sistema cardiovascular.

Según los datos del Observatorio Epidemiológico Italiano ANMCO-ISS (Asociación Nacional de Cardiólogos Hospitalarios – Instituto Nacional de Salud), la hipertensión está presente en el 51% de los hombres y el 37% de las mujeres italianas de 35 a 75 años de edad, y su prevalencia aumenta con la edad.

Nuevos valores de referencia

Las últimas directrices, publicadas hace unos meses por la Sociedad Americana de Cardiología, definen como límite «normal» para la presión sanguínea sistólica (el máximo) un valor inferior a 130 mmHg y para la presión sanguínea diastólica (el mínimo) un valor inferior a 80 mmHg. Es importante definir los factores de riesgo para cada paciente individual porque, en la gama de valores de la presión arterial sistólica entre 130 y 140 mmHg y de la presión arterial diastólica entre 80 y 90 mmHg, un cambio en el estilo de vida, más que un tratamiento farmacológico, desempeña un papel fundamental.

Se sabe que un aumento de la presión arterial, tanto diastólica como sistólica, está asociado con un mayor riesgo cardiovascular. Un aumento de 20 mmHg por encima del límite normal de la presión sistólica y de 10 mmHg de la presión diastólica se asocia con un doble riesgo de muerte por accidente cerebrovascular y enfermedad cardiovascular. Además, después de fumar cigarrillos entre los factores de riesgo cardiovascular modificables, la hipertensión arterial es también responsable de la muerte y la discapacidad en relación con la insuficiencia renal.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo de la hipertensión arterial son muchos, a menudo combinados, y se dividen en

  • factores no modificables: como la historia familiar, la edad avanzada, el sexo masculino;
  • factores difíciles de modificar: como la insuficiencia renal, el bajo nivel socioeconómico/educativo;
  • factores modificables: fumar cigarrillos, diabetes mellitus, dislipidemia con altos niveles de grasas en la sangre, estrés ambiental, síndrome de apnea del sueño, sobrepeso hasta las formas más marcadas de obesidad, vida sedentaria caracterizada por bajos niveles de actividad física y una dieta poco saludable rica en sodio.

No se conocen con certeza los mecanismos fisiopatológicos que conducen a la hipertensión, pero los estudios epidemiológicos han demostrado que existe una estrecha correlación entre ciertos hábitos de vida y la presión sanguínea, por lo que seguir un estilo de vida saludable reduce la probabilidad de padecer hipertensión y, en los hipertensos, el riesgo de complicaciones.

Prevenir con la dieta

Entonces, ¿qué se puede hacer para modificar los factores de riesgo de la hipertensión arterial?

En primer lugar, en presencia de una fuerte predisposición familiar, es necesario controlar más estrechamente los factores modificables y comenzar a controlar la presión sanguínea desde una edad más temprana.

En lo que respecta a la dieta, la recomendación fundamental es reducir el contenido de sodio (no más de 5 g diarios de sal de mesa, el contenido de una cucharadita, que corresponde a 2 g de sodio), medida que puede reducir la presión sistólica hasta 8 mmHg y la presión diastólica hasta 4 mmHg. Esta reducción de la presión sanguínea es similar a la que se puede lograr perdiendo 10 kg o haciendo 30 minutos al día de caminata rápida.

Los estudios han demostrado que si todos redujéramos nuestra ingesta de sal a la mitad, se evitarían más de 25.000 muertes al año, más de 5 veces las debidas a accidentes de tráfico. También es aconsejable seguir una dieta rica en potasio, calcio, magnesio, proteínas vegetales, fibra y grasas poliinsaturadas (estas últimas procedentes del consumo de pescado azul).

Se debe favorecer el consumo de frutas y verduras, especialmente alimentos ricos en potasio como las patatas, los tomates, los plátanos, las judías, los guisantes y los frutos secos, sin renunciar a un vaso de vino y, ocasionalmente, a pequeñas porciones de chocolate negro… todo ello manteniendo una dieta variada sin exceso de carbohidratos.

Más movimiento, no fumar y menos estrés

También es esencial abolir el consumo de cigarrillos (¡en los 10 minutos posteriores a la fumada, se observa que los valores de la presión sanguínea son hasta 10 mmHg más altos!) y realizar una actividad física regular, que puede consistir en una caminata a paso ligero durante al menos 30 minutos al día.

También es importante limitar el estrés, reorganizando la actividad laboral de manera que se produzcan momentos de «desapego» que permitan eliminar el estrés, posiblemente realizando prácticas como la meditación, el yoga y el tai-chi que han demostrado reducir los valores de la tensión arterial.

Incluso el control del peso corporal juega un papel importante en la prevención de la hipertensión arterial. Los estudios epidemiológicos han demostrado que la obesidad es responsable de alrededor del 40% de los casos de hipertensión.

Los jóvenes que llevan una vida sedentaria y tienden a tener sobrepeso u obesidad tendrán un mayor riesgo de hipertensión en el futuro. Por lo tanto, la corrección de estos factores de riesgo debe tener lugar desde los primeros años de la vida escolar.

Adherirse a un estilo de vida saludable

Cuando las recomendaciones no sólo se refieren a la asunción de drogas, sino que implican un cambio de estilo de vida, es importante estar verdaderamente convencido de la necesidad de adoptar un estilo de vida diferente, por lo que es necesario que los «nuevos» hábitos se integren perfectamente en la vida cotidiana, ya que de lo contrario, si se adoptan de forma esporádica y no continua, no darán los resultados deseados.

Por ello, es importante no sólo adoptar un estilo de vida saludable, sino también mejorar el cumplimiento de las recomendaciones, por ejemplo utilizando nuevas tecnologías, como se ha hecho recientemente en algunos estudios en los que se ha comprobado positivamente la utilidad de enviar mensajes electrónicos de refuerzo a horas fijas.

Auto-medición de la presión

En los últimos años se han comercializado dispositivos de medición de la presión que utilizan el método oscilométrico, lo que permite obviar la necesidad de auscultar el pulso durante la medición y hacer así posible la automedición.

Los primeros experimentos en este sentido no recibieron el consenso unánime de la profesión médica. A veces se plantearon dudas sobre la fiabilidad y la precisión de los instrumentos, pero más aún se planteó la preocupación de que la automedición pudiera inducir artificialmente una presión arterial alta o baja debido a la participación del paciente, o que el autodiagnóstico pudiera crear una alarma injustificada en el paciente o, por el contrario, una peligrosa seguridad en sí mismo.

Actualmente, la utilidad de la automedición para el diagnóstico de la hipertensión está reconocida por las directrices y es practicada permanentemente por alrededor de un tercio de los pacientes hipertensos. Más recientemente, también se ha demostrado la utilidad de esta práctica para mejorar la eficacia del tratamiento.

En un estudio realizado en 2014 con 552 pacientes de alto riesgo cardiovascular (la mitad de los cuales habían recibido capacitación tanto para la automedición como para el autoajuste de la dosis de medicamentos prescritos por el médico) se registró, al cabo de un año, una mayor reducción de los valores de la presión arterial en el grupo que practicaba la automedición que en el grupo seguido únicamente por el médico de cabecera. Este resultado habría llevado a la expectativa de una reducción del 30% en el riesgo de derrame cerebral con el tiempo.

En un análisis aún más reciente del problema, se ha llegado a la conclusión de que los efectos beneficiosos de la automedición sólo se producen en asociación con intervenciones educativas sobre el estilo de vida y con la instrucción al paciente para que modifique la terapia de forma independiente.

Diagnóstico y terapia más rápidos

El advenimiento de la telemedicina ha contribuido aún más a la práctica de la automedición. La transmisión de datos en tiempo real permite al médico intervenir rápidamente para modificar la terapia.

Otra ventaja de la automedición es la posibilidad de poder identificar, con buena aproximación, la presencia de arritmias cardíacas, lo que ayuda al diagnóstico médico de ciertas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular.

Sin embargo, sería aconsejable que la automedición se llevara a cabo con aparatos de eficacia validada, que esta práctica se acordara con el médico y que el mismo médico verificara la técnica con la que se lleva a cabo y, tal vez, comparara los resultados obtenidos con los procedentes de la medición profesional.

De hecho, a veces puede ocurrir que la mera presencia de arritmias cardíacas u otras anormalidades vasculares haga que la automedición sea poco fiable, anulando así todos sus efectos positivos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *