Cada vez es más evidente la necesidad de acompañar a los jóvenes a un uso consciente de la Internet que les permita aprovechar su potencial, evitando los posibles riesgos.

Internet es un instrumento fascinante que ha permitido conectar a toda la humanidad; sin embargo, ha creado una diferenciación generacional entre los llamados «nativos digitales», los niños nacidos cuando las nuevas tecnologías ya estaban generalizadas y eran utilizables por todos, y los «migrantes digitales», representados por las generaciones de padres y abuelos de los primeros, los que se encontraban en medio de la transición de la era caracterizada por el uso de la pluma y el papel a la computadora.

Por consiguiente, el reto para los padres es doble: por una parte, existe el interés de comprender este nuevo instrumento y, por otra, la necesidad de acompañar a sus hijos en el descubrimiento de las nuevas tecnologías, educarlos para que las utilicen de manera adecuada a fin de que puedan captar las posibilidades (educativas, relacionales y recreativas) y aprender a reconocer los riesgos explícitos e implícitos.

Es esencial que los padres y educadores sepan y se mantengan al día sobre cómo contener y apoyar a los niños en el uso de los medios y las normas que deben reconocerse, compartirse y respetarse para utilizar Internet de manera equilibrada, aprendiendo a descubrir las infinitas posibilidades y los muchos escollos.

Peligros relacionados con la esfera sexual

No es fácil elaborar una lista completa y exhaustiva de los peligros de la red, en parte porque, al ser un mundo en continua evolución, surgen constantemente nuevos peligros difíciles de prever. Los peligros vinculados a la esfera sexual van desde la captación hasta la posible visualización de material pornográfico, pasando por el «sexting», la práctica de intercambio de mensajes o imágenes sexualmente explícitas, que se está extendiendo también entre los más jóvenes.

Hay que recordar que el material publicado en Internet deja huellas de sí mismo durante mucho tiempo y puede llegar a un número potencialmente ilimitado de personas, con el riesgo de comprometer las relaciones sociales de los implicados.

… y estilos de vida

También hay que recordar los peligros vinculados al comportamiento y a los estilos de vida: hay sitios que ensalzan las más variadas prácticas y los que, por ejemplo, glorifican la anorexia, presentándola como una elección y no como un trastorno alimentario que también puede tener consecuencias muy graves.

También hay quienes caen víctimas de la manía de la autoestima, obsesionados con su día en busca de la autoestima perfecta. En Rusia, por ejemplo, el año pasado se lanzó una campaña con el lema «Una autopsia puede costarte la vida», en la que se pedía precaución en la búsqueda de la autopsia original, tras una serie de incidentes absurdos en el país.

Adicción a Internet

Un uso inadecuado de la red también puede conducir a situaciones de dependencia psicológica con el consiguiente daño psicológico y funcional. Esta patología, denominada Trastorno de Adicción a Internet, se manifiesta en forma de síntomas de abstinencia en relación con determinadas actividades que tienen lugar en línea, como el chat, el sexo, los juegos o las redes sociales, y es un trastorno vinculado a la dificultad de controlar los impulsos.

En la adicción a la Internet hay varias fases que van desde la fase inicial o adictiva en la que las personas informan de una atención obsesiva al revisar su buzón de correo electrónico, el aumento del tiempo que pasan en línea, la participación intensa en charlas, las conexiones nocturnas y la pérdida de sueño, hasta llegar a una segunda fase en la que las conexiones continuas y prolongadas comprometen la escuela, el trabajo y la vida social de los implicados.

¿Cuáles son las causas?

El mecanismo en que se basa este comportamiento es el mismo que rige toda adicción, es decir, la necesidad de compensar una existencia que se percibe como insatisfactoria. Las razones pueden ser variadas, y siempre subjetivas. En cada uno de nosotros hay causas muy diferentes que pueden llevar a algunas personas a desarrollar adicciones, con diferentes grados de intensidad, incluso no inmediatamente reconocibles: todos tenemos ante nuestros ojos todos los días, por ejemplo, los efectos más visibles de un apego excesivo al teléfono inteligente.

Algunas investigaciones han revelado una posible correlación entre la adicción a los teléfonos inteligentes y las características de la personalidad: el uso excesivo del propio teléfono móvil va de la mano de la inestabilidad emocional. Las personas que revisan constantemente sus teléfonos pueden en realidad estar tratando de animarse, de corregir un estado de ánimo negativo; pueden ser más propensos a los cambios de humor y a las rabietas, y menos capaces de centrar su atención en sus tareas.

Los diferentes tipos de adicciones

Cuando los tiempos y las formas en que las personas se acercan a la web ya no cumplen una función complementaria, sino que se convierten en el fin mismo de sus actividades y pensamientos diarios, lo que se pretendía que fuera un medio se convierte en un fin.

En la actualidad se han reconocido cinco tipos de adicción, relacionados con las nuevas tecnologías, que se remontan a una exposición obsesiva y repetida a: sitios pornográficos, sitios relacionados con los juegos de azar en línea, sitios donde se practican juegos de rol, redes sociales, salas de chat que se convierten en el principal interés del día para quienes no pueden apartarse de la computadora navegando interminablemente, a veces sin propósito, como sucede con quienes sufren de sobrecarga cognitiva caracterizada por la búsqueda obsesiva de información en la web, la quinta forma de adicción.

Aislamiento social

El principal síntoma clínico de esta relación errónea con la red es el aislamiento social de quienes vienen a interrumpir sus relaciones «reales»: no más deportes, escuela y salidas con amigos; este aislamiento suele ir acompañado de verdaderas crisis de ira y agresión. Hay que recordar que la mayoría de las situaciones de adicción al comportamiento de los adolescentes se refieren actualmente a juegos de guerra en línea, y que éstos tienen un alto contenido de agresión.

Cómo afrontar el problema

La web es una herramienta muy extendida, y esto es una dificultad añadida para aquellos que desarrollan una adicción a ella. Mientras que el alcohol y las drogas pueden ser completamente abstinentes, es casi imposible excluir el ordenador de nuestras vidas. Por lo tanto, es necesario hacer un esfuerzo para reequilibrar los tiempos y los modos de acceso.

Cuando un miembro de la familia observa signos que pueden causar preocupación, es una buena idea hablar con él clara y abiertamente, evitando juzgarlo o estigmatizarlo, o incluso prohibirle el uso de la computadora. Un ejercicio sencillo podría ser escribir en una hoja de papel el número de horas que pasas cada día en la escuela, estudiando, saliendo con amigos, haciendo deporte, y compararlo con el tiempo que pasas viendo la televisión y navegando por la web.

Si las horas que pasamos en Internet son excesivas, debemos empezar a pensar en las causas que conducen a estos comportamientos, razonando sobre la necesidad de darnos tiempo y aprender a desconectar cuando estudiamos, leemos o vemos una película.

El paso más difícil, pero necesario, es entonces consultar a los psicoterapeutas o a los centros que tratan las adicciones porque sólo los especialistas capacitados pueden ayudar a los directamente involucrados y a sus familias a reconocer y trabajar en las causas que llevaron a encontrar en la adicción un paliativo, una respuesta de autocuidado que en realidad es disfuncional, porque resulta ser un problema en sí mismo.

Acoso cibernético

Otro uso distorsionado de la red, que lamentablemente parece estar cada vez más extendido, está relacionado con el acoso cibernético, que se caracteriza por el uso de las nuevas tecnologías para intimidar, acosar, avergonzar, excluir a uno o más niños que se convierten en víctimas del acosador tecnológico. Estas humillaciones y acosos repetidos pueden tener efectos psicológicos muy perjudiciales para las víctimas que, sintiéndose solas, expuestas y desafiadas, pueden desarrollar trastornos depresivos.

La ilusión de anonimato y la falta de retroalimentación emocional (el acosador cibernético suele actuar detrás de una máscara virtual y no percibe el dolor que causa a la víctima cuando lleva a cabo su acoso porque ésta no está presente físicamente) disminuye los niveles de autocontrol y hace que los acosadores sean más desinhibidos.

A menudo, los ciberacosadores y las víctimas son más parecidos de lo que se podría imaginar, porque en la mayoría de los casos parten de historias similares de incomodidad familiar, de apego inseguro que limita la capacidad de sentirse comprendido y escuchado, de relacionarse con los demás de manera empática. A veces los propios ciberacosadores han sido acosados y han acumulado ira e impotencia que siguen reproduciendo utilizando el mismo modelo internalizado.

El diálogo como la mejor prevención

Hay que tener siempre presente que la mayor prevención es la relación de confianza que los padres han establecido con sus hijos, la cual se basa en su capacidad de escuchar a los niños, comprender sus experiencias, entender sus necesidades y deseos ayudándoles a reconocerlos, incluso cuando es necesario que acepten posponer la realización de la misma a otros momentos.

Por lo tanto, es importante establecer límites y normas, pero antes es necesario ocuparse del diálogo, conocer a los amigos de los niños, ayudarles a desarrollar su interés por las actividades extraescolares, mantener fuertes vínculos con instituciones (como asociaciones culturales, deportivas o recreativas), proporcionar a los más jóvenes una educación, incluida la educación sexual, lo más completa posible, porque el mayor riesgo es que la red sustituya a la familia en la transmisión de creencias y comportamientos que no siempre son correctos.

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