Los extractos de plantas de Equinácea, Propóleo, Ginseng y Aloe son capaces de reforzar nuestras defensas inmunológicas.

El sistema inmunológico es la «red» funcional más compleja de nuestro organismo y, con el tiempo, ha evolucionado para protegernos de las bacterias, los virus y los hongos, y más en general de los llamados «estresantes» (acontecimientos o estrés que causan estrés) externos o endógenos. Definir un esquema de la fisiología del sistema inmunológico es una tarea difícil, además de ser un tema extremadamente especializado.

Sin embargo, es posible simplificar aclarando que muchos animales, incluidos los humanos, tienen una inmunidad innata y cuando ésta se vuelve insuficiente, la inmunidad adaptativa viene al rescate.

Cómo funciona el sistema inmunológico

El tejido inmunológico está compuesto por más de mil proteínas diferentes, células y tejidos enteros como el tejido epitelial que representa nuestra primera defensa física. Sin embargo, el papel fundamental en la inmunidad lo desempeñan los anticuerpos, los linfocitos (células de la sangre utilizadas para la respuesta inmunológica) y los monocitos que maduran para convertirse en macrófagos (cuya función principal es engullir partículas extrañas, como microorganismos, y destruirlas).

Cuando se reconoce un agente como extraño (en inmunología «no propio»), se desencadena una sofisticada y fina cascada de acontecimientos que implica la retirada de células y mediadores, que tienen la tarea de matar y eliminar el propio agente.

La respuesta inflamatoria

Perdonen a los inmunólogos por mi definición extremadamente imprecisa, pero por simplicidad y claridad podríamos definir la activación inmune como el primer evento de la respuesta inflamatoria. Este concepto nos permite comprender cómo la propia activación inmunológica debe ser modulada de manera absolutamente precisa para no prolongar un proceso que conduciría inevitablemente a un progreso inflamatorio patológico.

Sin embargo, un entrelazamiento tan intenso de señales y mediadores a menudo se ve perturbado y no siempre es capaz de equilibrarse. Por lo tanto, no se atreve a afirmar que todas las enfermedades degenerativas, que hoy en día representan la mayor preocupación a nivel sanitario, desde la neurodegeneración hasta la aparición de tumores, dependen de un desequilibrio inflamatorio.

El marco anterior nos hace reflexionar sobre lo difícil que resulta incluso formular la hipótesis de la «droga perfecta» que puede ayudar y fortalecer nuestras defensas inmunitarias sin ser un potencial proinflamatorio: deberíamos tener una sustancia capaz de alertar la activación de los linfocitos y los monocitos, cuando ésta es naturalmente insuficiente para combatir un patógeno, y al mismo tiempo que sea capaz de apagar el interruptor de la inflamación cuando ésta es demasiado pronunciada.

La mala noticia es que la investigación farmacéutica, aparte de las vacunas específicas (que, hay que subrayar, han salvado miles de millones de vidas en 50 años), a pesar de los enormes esfuerzos realizados hoy en día, sólo puede presumir de la creación de análogos biológicos de los mediadores naturales: en particular los interferones y muy pocas drogas sintéticas.

La eficacia de la fitoterapia

La buena noticia, sin embargo, es que varios productos naturales están dotados de una eficacia inmunomoduladora constante, es decir, son capaces de regular las funciones complejas de las respuestas inmunitarias. La fitoterapia puede presumir en esta área de un papel muy importante y hoy en día la investigación científica más avanzada está prestando mucha atención al estudio de los extractos de plantas.

En mis artículos anteriores siempre he señalado las peculiaridades y el potencial farmacológico de la fitoterapia, que dependen exclusivamente del uso de mezclas complejas de diferentes principios activos. Hablando de inmunomodulantes, queda muy clara la extraordinaria funcionalidad de los productos que contienen simultáneamente moléculas capaces de actuar sobre diferentes blancos biológicos, a veces opuestos.

Probióticos

Los probióticos merecen una discusión aparte, porque no forman parte de la fitoterapia. Se trata de bacterias del género «Lactobacillus» y «Bifidobacterium», que se encuentran entre los inmunomoduladores más poderosos que se conocen. Los probióticos, que por definición deben actuar vivos, al ser bacterias en sí mismas, estimulan la activación de los linfocitos y los monocitos, pero sobre todo colonizan el sistema gastrointestinal al contrarrestar la proliferación de otras bacterias patógenas, causantes de infecciones e inflamaciones.

De hecho, hay numerosos artículos, incluso clínicos, que informan del uso beneficioso de los probióticos en diversas indicaciones para la prevención y el tratamiento de enfermedades respiratorias, urinarias y gastrointestinales.

Equinácea

Volviendo a la fitoterapia, hay tantos productos que es posible colocar cada planta medicinal con su propia y precisa indicación terapéutica. Para la prevención de los resfriados comunes, que provocan una disminución de las defensas inmunitarias, la planta medicinal más adecuada, en mi opinión, es la Equinácea.

Este nombre se refiere en realidad a tres especies diferentes del mismo género: «Echinacea pallida», «Echinacea angustifolia» y «Echinacea purpurea». Se utilizan las raíces de las dos primeras especies, mientras que se pueden utilizar las raíces y toda la planta de Echinacea purpurea.

Las partes subterráneas de las plantas de Equinácea contienen en particular polisacáridos y derivados del ácido cafeico, que son capaces de activar eficazmente los macrófagos y los linfocitos. La equinácea es una planta universalmente conocida y apreciada, tanto es así que la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) clasifican la especie precisamente con la indicación de la prevención de resfriados.

La equinácea puede tomarse como extracto seco (titulado en Equinacósido), en una dosis de 100 mg por día, o como tintura (con un contenido de alcohol del 50%), en una dosis de 40 gotas tres veces al día.

Propóleo

Si la Equinácea es la planta medicinal más adecuada para la prevención de los resfriados, el Propóleo es sin duda el producto más adecuado para el tratamiento de estas enfermedades. Producido por las abejas, pero de origen vegetal, tiene una excelente acción antibacteriana contra los estafilococos y los estreptococos, que son los patógenos más comunes de la cavidad oral y faríngea.

Además, el propóleo tiene una interesante función en la regulación del sistema inmunológico. Este producto debe tomarse tanto como tintura en spray para uso local, para nebulización en la cavidad orofaríngea, como como extracto seco para uso oral, en una dosis de 500 mg por día.

Pelargonio

Desde hace algunos años también en Europa tenemos una medicina tradicional a base de hierbas registrada con la indicación del tratamiento de las afecciones de las vías respiratorias superiores: «Pelargonium sidoides» (llamado vulgarmente Pelargonio o Geranio sudafricano).

La principal característica del Pelargonio es que es un buen antiviral y actúa muy bien en los pulmones. El pelargonio se destaca ciertamente como una verdadera medicina, más precisamente es una de las dos medicinas herbales tradicionales disponibles en Europa. Este producto, que sólo se puede adquirir en farmacias, proporciona una dosis diaria de 60 mg de extracto seco en forma de pastillas.

Una mirada al Este

Cuando se trata de extractos inmunoestimulantes útiles en casos de fatiga psicofísica, China y Oriente en general siempre nos han proporcionado los productos más interesantes. El Ginseng, el Eleuterococo, el Andrografis y el Astrágalo son plantas medicinales con un poderoso efecto inmunológico.

Los extractos obtenidos de las hojas de Andrografis también se utilizan eficazmente, como la Equinácea, para la prevención de los resfriados comunes. En cuanto al Astrágalo, Eleuterococo y Ginseng, la parte de la planta utilizada en la medicina son las raíces. En China se afirma que estas plantas son útiles para nutrir y tonificar diversos sistemas, así como para aumentar el apetito y el tono mental y físico.

Ginseng

Entre las plantas orientales, el Ginseng es sin duda la más estudiada también en Occidente, donde ocupa un lugar prestigioso en los textos oficiales de la EMeA («European Medicines Evaluation Agency»), la OMS y varias farmacopeas del mundo. Además de la capacidad inmunoestimulante ya descrita, dada en particular por los polisacáridos, las raíces de Ginseng contienen saponinas llamadas ginsenósidos, un tipo particular de molécula capaz de actuar en el eje hipotalámico-adrenal, lo que permite una mejor respuesta al estrés.

El ginseng, entre otras cosas, puede considerarse una de las pocas especies indicadas para pacientes que sufren de cáncer con defensas inmunológicas reducidas después de la quimioterapia. El ginseng puede tomarse como droga seca y en polvo en una dosis de 1 g por día o, mejor aún, como extracto seco en una dosis de 200 mg por día.

Gel de aloe

El excurso sobre los inmunomodulantes no puede sino concluir con el producto más adecuado para los problemas inflamatorios de la piel, el gel de aloe, a veces llamado impropiamente jugo de aloe. En términos farmacéuticos, de hecho, el jugo de Aloe es el líquido marrón que se obtiene de la parte exterior de las hojas y que contiene una alta concentración de antraquinonas, sustancias con poder laxante. El prensado de la parte central mucilaginosa de las hojas, que en cambio carece de antraquinonas, proporciona lo que se define comercialmente como jugo, el gel de aloe.

Las especies más utilizadas para obtener el gel son el Aloe vera (más correctamente llamado «Aloe barbadensis»), el «Aloe ferox» y el «Aloe arborescens». El gel de aloe contiene más del 95% de agua, una alta concentración de polisacáridos (incluido el componente individual más importante, el acemannan), sales minerales, vitaminas y ácidos orgánicos.

El supuesto de dos o tres cucharadas de gel de Aloe por día (con un título mínimo de 5 g/l de polisacáridos totales) es muy adecuado para regular las enfermedades inflamatorias de la piel, pero el gel de Aloe también tiene excelentes propiedades de activación de los macrófagos y, por su composición química, puede considerarse en sentido general un excelente purificador.

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