Si se combina con un estilo de vida saludable, el uso de algunas plantas medicinales en caso de reumatismo y dolor articular puede ser eficaz y seguro.

Entre las enfermedades más extendidas en el mundo, en los últimos decenios el reumatismo ha experimentado un aumento exponencial de su prevalencia, debido también a los cambios ambientales y a los cambios en los estilos de vida sociales y dietéticos, lo que ha dado lugar a un aumento consiguiente del consumo de drogas y a un incremento de la carga de sufrimiento de los pacientes, así como del gasto en salud pública. Además, si bien en el pasado las enfermedades reumáticas eran típicas de las personas de edad, hoy en día estamos asistiendo a un creciente crecimiento y propagación incluso entre los jóvenes.

El reumatismo, ¿cómo se manifiesta?

El reumatismo es un grupo de diversas patologías que afectan principalmente al tejido conectivo y de soporte del aparato locomotor, es decir, los huesos, las articulaciones o las partes blandas. Los signos y síntomas, aislados o agrupados, pueden afectar tanto al aparato locomotor como a los tejidos blandos: quienes lo padecen pueden experimentar dolor e inflamación al mismo tiempo, dificultad para realizar ciertos movimientos que, en los casos más graves, también pueden llegar a ser impotencia funcional.

Podemos clasificar los tipos de reumatismo en tres grandes grupos:

  • Reumatismos inflamatorios: representan la consecuencia de un proceso de inflamación de los tejidos osteoarticulares y entre ellos podemos recordar: Artritis reumatoide, Espondilitis anquilosante, Artritis psoriásica, Lupus eritematoso sistémico y Artritis gotosa;
  • Reumatismos degenerativos: son un evento común no inflamatorio, pero progresivo de las articulaciones más móviles y las que tienen que soportar una cierta carga funcional. Una de las más frecuentes es la Osteoartrosis, típica de las personas mayores como parte del proceso de envejecimiento del organismo y la sobrecarga repetida y continua de las articulaciones;
  • Reumatismo de los tejidos blandos: afecta a las estructuras no esqueléticas del cuerpo humano, como las subcutáneas, los tendones, los ligamentos y los músculos. Una patología que está en aumento hoy en día, pero que todavía es poco conocida, es la Fibromialgia, caracterizada por un dolor generalizado en los músculos y las estructuras conectivas fibrosas, como los tendones y los ligamentos.

Posibles causas

El origen de los dolores reumáticos puede ser de diferentes tipos: en primer lugar, una progresiva acidificación de los tejidos debido a una dieta incorrecta, rica en proteínas animales y azúcares refinados, pero también el estrés psicofísico al que estamos sometidos cada día, que lleva a la producción de una mayor cantidad de productos de desecho ácidos.

Incluso la carga farmacológica que a menudo nos vemos obligados a tomar, provoca una mayor acidificación y una mayor cantidad de residuos que deben ser eliminados por los órganos responsables de la eliminación de residuos.

Otro problema viene dado por el estrés oxidativo, es decir, por el exceso de radicales libres responsables de un consiguiente estado de inflamación que a menudo tiende a hacerse crónico; el cuadro se agrava aún más por la contaminación ambiental y por la del interior del cuerpo debido a los alimentos «basura» que estamos acostumbrados a ingerir.

El sobrepeso relativo y el sedentarismo general contribuyen, pues, a aumentar la frecuencia y el alcance del reumatismo incluso en sujetos mucho más jóvenes que el caso tradicional.

Cómo intervenir

La primera regla a seguir, si se quiere remediar este tipo de patología, es comer bien, eligiendo alimentos ricos en antioxidantes, minerales y con efecto antiinflamatorio, como verduras y frutas frescas no contaminadas, legumbres, cereales integrales, aunque se tomen con moderación, y poca proteína animal, favoreciendo una hidratación abundante y constante con agua, jugos frescos e infusiones de plantas depuradoras.

Cuando la alimentación por sí sola y un estilo de vida dinámico no son suficientes para mantener el reumatismo bajo control, podemos recurrir a la fitoterapia mediante el uso de ciertas plantas medicinales que con el tiempo han demostrado mayores propiedades beneficiosas sobre este tipo de enfermedades. De hecho, hay muchas plantas que ejercen una acción natural antiinflamatoria, analgésica, relajante muscular y metabólica en los problemas de atrofia de huesos y cartílagos.

Las plantas con acción antiinflamatoria, útiles para problemas como el reumatismo, son diferentes, veamos las principales.

La garra del diablo

El nombre científico es «Harpagophytum procumbens», esta planta realiza una acción analgésica y relajante muscular al regular el flujo de calcio en los músculos lisos. Algunas comparaciones con un analgésico ampliamente utilizado en la medicina convencional han confirmado su validez terapéutica, aunque los beneficios suelen sentirse una semana después de su ingestión, por lo que es preferible utilizarlo en las etapas no agudas del dolor.

Boswellia

El nombre científico es «Boswellia serrata», esta planta ha demostrado un efecto inhibidor específico sobre los leucotrienos, moléculas lipídicas que son un poderoso vehículo de la inflamación reumática. La boswellia también actúa lentamente, pero con beneficios mucho más prolongados que los de las drogas químicas comunes.

Sauce Blanco

La presencia simultánea, dentro de la corteza, de salicina y ácido salicílico confiere a esta planta (el nombre científico es «Salix alba») fuertes propiedades antiinflamatorias y antirreumáticas, aunque deben utilizarse dosis elevadas para garantizar una concentración suficiente del efecto deseado. De su corteza se extraía en el pasado el ácido salicílico, precursor de la Aspirina, en comparación con el cual tiene una toxicidad mucho menor.

Uncaria

El nombre científico es «Uncaria Tomentosa» y es originaria de la región amazónica. Esta planta tiene una característica antiinflamatoria natural, pero sobre todo es inmunoestimulante y un tónico general, por lo que está especialmente indicada para pacientes reumáticos deprimidos e inmunodeprimidos.

Grosella negra

Este fruto, cuyo nombre científico es «Ribes nigrum», produce un efecto similar al de la cortisona, aunque ciertamente más lento, además de tener una acción antiinflamatoria, antirreumática, antialérgica e inmunoestimulante. También puede utilizarse en combinación con otras plantas para amplificar su eficacia antirreumática y antiinflamatoria.

Árnica montana

Ampliamente utilizada en episodios de naturaleza traumática, esta planta tiene una acción natural antiinflamatoria, analgésica y antiedematosa. La presencia de elenalina, un compuesto orgánico altamente tóxico para el corazón, desalienta su uso para uso interno. La aplicación para uso local es segura y efectiva siempre que la piel esté intacta.

Jengibre

Principalmente conocido por sus beneficios en caso de mala digestión y falta de apetito, el jengibre (nombre científico «Zingiber officinalis») es en realidad muy útil para reducir el dolor y la inflamación en caso de enfermedades reumáticas.

Cúrcuma

Los curcuminoides que contiene inhiben el proceso inflamatorio típico de las enfermedades reumáticas. Además, la cúrcuma («Cucuma longa») tiene una importante acción antidegenerativa, cardioprotectora, mineralizadora y neuroprotectora.

Ortiga

Esta planta (el término científico es «Urtica dioica»), además de tener una eficaz acción mineralizadora, tiene propiedades inflamatorias y condroprotectoras, es decir, para apoyar y mejorar el metabolismo del cartílago, especialmente en presencia de artrosis, si se utiliza en forma de extracto seco.

Cola de caballo

Rica en sales minerales como el silicio, la Cola de Caballo («Equisetum arvense») promueve los procesos de calcificación del hueso y la síntesis del cartílago y el tejido conectivo, dándole mayor elasticidad. El silicio también tiene una acción mineralizante al contribuir a la absorción de minerales en los huesos.

Chile

El pimiento picante («Capsicum annuum»), que suele utilizarse para uso local, tiene un poderoso efecto analgésico gracias a su capacidad de interferir en los nervios sensoriales de la piel e inhibir la famosa «sustancia P» que interviene en la transmisión de los estímulos dolorosos de la piel al cerebro.

Desde los tés de hierbas hasta las compresas

A fin de ampliar los efectos antiinflamatorios y analgésicos de las plantas medicinales, que deben tomarse siempre bajo la prescripción y supervisión del médico, además de la administración oral, también se puede optar por la administración local, gracias al uso de compresas, cataplasmas y fricciones, cuyo uso se pierde en la noche de los tiempos. Muchas de esas aplicaciones reconocen en la arcilla un vehículo privilegiado: bañarse en agua caliente en la que se ha disuelto la arcilla debe considerarse un valioso remedio en caso de tendinopatía o, más en general, de dolores musculoesqueléticos.

Las compresas de hierbas de unos pocos milímetros a 1-2 centímetros de grosor pueden utilizarse para las partes más limitadas del cuerpo que sufren, si se aplican a las principales articulaciones. Estas compresas también pueden prepararse con arcilla mezclada con diversas plantas, extractos o aceites esenciales específicos.

Un antiguo té de hierbas para el reumatismo, conocido desde la antigüedad, es el que se basa en la ortiga: se tritura un puñado de hojas de ortiga (compradas en la herboristería o en la farmacia) en un pequeño recipiente con agua hirviendo y se deja en infusión durante unos 10-15 minutos. Filtra y bebe. Esta infusión de hierbas tiene propiedades mineralizantes, depurativas, analgésicas y tónicas.

En conclusión, en presencia de síntomas particularmente agudos y persistentes de dolor e inflamación, puede ser necesario recurrir a drogas químicas pero, en la gran mayoría de los casos, las plantas medicinales vienen en nuestra ayuda muy eficazmente, especialmente si se combinan con un estilo de vida saludable y adecuado.

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