Su papel esencial en la protección del hígado se debe a la presencia de componentes activos que ejercen una poderosa acción desintoxicante.

La utilidad del cardo mariano para la salud humana ya se conocía en la antigüedad: Plinio el Viejo describió sus usos y recomendó mezclar su jugo con miel para promover el flujo de la bilis; Santa Hildegarda Von Bingen, una herbolaria medieval, también había encontrado actividades que podían ser útiles para la función hepática y las describió en su manuscrito «Physica». La historia, por lo tanto, continuamente y hasta el día de hoy, informa la confirmación de los efectos beneficiosos del cardo mariano en el hígado.

La planta

El cardo mariano (Silybum marianum L.) es una planta, perteneciente a la familia de las «Compositae», que crece en estado silvestre en la zona del Mediterráneo y se naturaliza en muchas otras zonas, como Europa central (en Alemania es una especie protegida), América del Norte y del Sur, Asia central y oriental, Australia oriental y meridional.

Es una especie anual, o más a menudo bienal, que alcanza una altura de 50-150 cm y produce una gran raíz blanquecina y un tallo erecto y cilíndrico, poco ramificado. Las hojas son grandes, de color verde oscuro, brillantes, con el margen dentado y divididas en lóbulos espinosos y la superficie manchada de blanco a lo largo de las venas.

Frutas

La parte medicinal de esta planta consiste en pequeños frutos secos, de unos 6-7 mm de largo y 3 mm de ancho. Tienen forma ovoide, varían en color desde el negro al marrón claro y con una membrana brillante y moteada; cada fruto lleva en uno de sus extremos una característica plumón, el pappus, que lo hace parecer una pequeña brocha de afeitar.

Para los preparados farmacéuticos se utiliza el polvo, que tiene un agradable aroma similar al del cacao, y que se obtiene de los frutos privados del pappus y molidos inmediatamente después de la cosecha.

El complejo activo

Tras el descubrimiento de sus principales componentes químicos, se ha reconocido plenamente la eficacia del cardo mariano en el tratamiento de las enfermedades hepáticas. Los frutos contienen entre el 15 y el 30% de lípidos principalmente poliinsaturados y entre el 20 y el 30% de proteínas; pero los componentes activos, desde el punto de vista de la actividad farmacológica, están representados por la silimarina que se detecta en el 1,5-3% de la droga.

La silimarina no es una sustancia única, sino una mezcla de moléculas distintas: flavolignanos. Los componentes de esta mezcla son, por lo tanto, la silibina, la silicristina y la silidianina, pero el fitocomplejo también se enriquece con la presencia, aunque en menor medida, de isómeros como la isosilibina, la isosilicristina y la siliandrina.

Otros componentes son los fitoesteroles, los azúcares simples y complejos, varios flavonoides, la tiramina, un aceite esencial, las saponinas, las vitaminas C, E, K, los alcaloides y la histamina. La dificultad de separar los distintos isómeros ha llevado a considerar el Silymarin como una entidad química unitaria, de manera que las acciones farmacológicas detectadas se refieren así a la totalidad de la mezcla.

Protege y regenera el hígado

El cardo mariano se considera ahora, con razón, una planta capaz de ejercer una acción protectora contra el hígado y regenerar su tejido celular.

Entre los mecanismos farmacológicos demostrados, destaca la actividad desintoxicante para el hígado: los extractos de cardo mariano son capaces de contrarrestar los daños inducidos en el hígado por diversas sustancias químicas (como el tetracloruro de carbono, el alcohol, el paracetamol, diversos compuestos tóxicos y muchas drogas).

Los flavolignanos del cardo mariano son de hecho capaces de proteger la membrana de las células del hígado y, por consiguiente, de reducir la capacidad de entrada de muchas moléculas dañinas.

Esta actividad también ha demostrado ser útil en casos de envenenamiento por «Amanita phalloides», un hongo mortal (porque es el proveedor del alcaloide faloidina responsable del daño funcional y tisular que causa una grave insuficiencia hepática).

En caso de ingestión accidental, las propiedades de la silimarina podrían desempeñar un papel decisivo en la protección contra el daño hepático, ya que es capaz de bloquear los receptores implicados en el transporte del alcaloide venenoso a las células hepáticas.

Cabe señalar también que la silimarina tiene también un efecto regenerador en los tejidos que han sido dañados por sustancias tóxicas.

La acción antioxidante

El cardo mariano también tiene importantes propiedades antioxidantes, que previenen el daño de los radicales libres a las células del hígado. Se ha demostrado que la acción antioxidante es eficaz en los casos de intoxicación hepática inducida por la ingestión de alcohol etílico y paracetamol, ambos responsables del agotamiento de las reservas de glutatión (sustancia que desempeña un papel muy importante en los procesos de desintoxicación) en el hígado.

Cabe recordar que las reacciones oxidativas son la base de varias enfermedades hepáticas, entre ellas, por ejemplo, la inflamación, los procesos degenerativos (tumores) y la intoxicación por sustancias extrañas al metabolismo normal.

Muchos estudios han demostrado la utilidad del cardo mariano en caso de cirrosis alcohólica, la enfermedad hepática causada por la ingestión inmoderada de alcohol: la administración de silimarina puede ayudar a mejorar la función hepática reduciendo los valores de las enzimas que resultan alteradas en los pacientes con enfermedad hepática inducida por la ingestión de sustancias tóxicas.

En el daño hepático por el abuso del alcohol

Cuando el daño hepático se produce por el abuso crónico del alcohol u otras sustancias tóxicas, puede producirse un proceso que puede cambiar la estructura y la función de este órgano con el tiempo.

Se trata de una reacción a estímulos perjudiciales que es llevada a cabo por las células estrelladas del hígado que, en estos casos, se multiplican y transforman en células capaces de producir y depositar fibras de colágeno; la acumulación de estas últimas determina el fenómeno descrito anteriormente y definido como fibrosis hepática.

En caso de insuficiencia hepática

Gracias a sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antirróticas, la ingesta de cardo mariano puede, por tanto, estar indicada en casos de insuficiencia hepática de diversos orígenes, en el tratamiento de hepatitis aguda y crónica y de intoxicaciones alimentarias o inducida por el alcohol, las drogas y las toxinas.

Los preparados farmacéuticos más acreditados son los extractos secos estandarizados y titulados que contienen entre el 70 y el 80% de flavolignanos de silimarina que deben tomarse en una dosis diaria de 420 mg; esta dosis puede reducirse a la mitad en el tratamiento preventivo.

Durante la lactancia y para uso alimentario

Además de los importantes efectos sobre el hígado, hay que recordar también la tradicional propiedad de la planta de aumentar el flujo de leche, actividad que también ha sido confirmada por un estudio que muestra al mismo tiempo la buena tolerabilidad incluso en condiciones particularmente delicadas como la lactancia.

Por último, los usos tradicionales del cardo mariano incluyen también los de interés en el sector alimentario; las tiernas hojas jóvenes de la planta se recomiendan de hecho en las ensaladas o se hierven como sustituto de las espinacas. Del mismo modo, los tallos tiernos y frescos, recién hervidos para quitarles el amargor, deben sazonarse para ser apreciados con col, mientras que los receptáculos de flores recuerdan, en sabor y método de cocción, a las alcachofas.

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