El ajo refuerza las defensas inmunitarias y combate directamente los patógenos, tanto como agresores químicos y físicos como agentes infecciosos.

El poder curativo de la Naturaleza es un principio universalmente reconocido desde tiempos inmemoriales y es tanto más cierto si se aplica en términos del principio de «no todo y no enseguida» que, por el contrario, suele estar en vigor en la cultura moderna.

El ajo es de hecho un poder real y un misterio de la naturaleza y, conociendo sus propiedades, podemos aprovecharlo libremente y utilizarlo como se ha acostumbrado durante miles de años por gusto, costumbre y necesidad. El ajo, cuyo nombre científico es «Allium sativum», es una planta herbácea perenne y cultivable, una liliácea, que presenta un tallo erecto que sostiene hojas en forma de cinta y flores blancas, hermafrodita, ama los suelos húmedos sin estancamiento, fértiles y soleados.

Su replicación y multiplicación tiene lugar a través de la germinación de bulbos, separados del bulbo. Sus orígenes provienen de las tierras de Asia central, acompañando a aquellos pueblos inquietos que, emigrando hacia el Oeste y el Este, la dieron a conocer a los pueblos del Mediterráneo y más allá (basta con considerar su importancia en la cocina así como en la medicina tradicional china e india).

La composición

El principal elemento que encontramos dentro de las células intactas de los tejidos vegetales de ajo es la aliina, un aminoácido azufrado, relacionado con otros organosulfuros.

En esta mágica composición coexiste el principio de transformación por el cual esa inofensiva bomba de tiempo que es el clavo, sometido a una energía externa (aplastamiento, trituración, corte) inicia un proceso de transformación bioquímica que genera nuevos y más extrovertidos productos como la alicina, con mucho el principal constituyente farmacológicamente más activo y otros derivados diversos (ajoene, trisulfuros-DADS, DAT, AMT y AMD) que son inmediatamente evidentes también por el fuerte olor que desprenden.

El bulbo contiene obviamente otros principios, como aminoácidos y saponinas, polisacáridos y fitosteroles, ácido nicotínico y adenosina, vitaminas y sales, cuyo impacto nutracéutico global parece menor en relación con las posibles cantidades que se pueden tomar.

Intervenir en el momento adecuado

Se trata de un producto «vivo» que manifiesta su vitalidad específica al diversificarse en varios productos. Nuestra dificultad en este punto no es tanto entender lo que está sucediendo desde el punto de vista bioquímico, sino crear una oportunidad de intervención beneficiosa para nuestro organismo.

Tenemos la posibilidad de actuar en el momento exacto de la necesidad; esta capacidad está intacta en el producto fresco y natural, mucho menos, sin embargo, en los derivados de la elaboración manual e industrial (polvos, macerados alcohólicos o aceitosos, pastillas y cápsulas, etc.) que, por otra parte, nos permiten un impacto suave en el organismo y nos privan también de los atributos olorosos que a veces se perciben como agresivos.

Es precisamente en este papel que el ajo nos aporta su mayor contribución, lentamente, día tras día.

Propiedades terapéuticas

Las actividades potencialmente protectoras que se atribuyen a la alicina son el «carroñero» (carroñero ecológico) de radicales libres, protector de las membranas biológicas del daño lipoperoxidativo, interferencia positiva en el metabolismo de los lípidos y la actividad de la insulina e igualmente acción moduladora en los procesos de coagulación intravascular (agregación plaquetaria y fibrinolisis) y posible interferencia en los mecanismos de apoptosis celular (muerte), necesarios para bloquear en su origen cualquier proceso degenerativo potencialmente evolutivo.

Los derivados de la alicina y el azufre también poseen una acción antibacteriana y antimicótica, así como antihelmíntica, de ahí el uso histórico contra las infestaciones intestinales. Con este rico viático de potencialidades, es difícil comprender cuál de los mecanismos comunes que intervienen en la degeneración vascular y celular, típica de las enfermedades relacionadas con la edad, así como en las causadas por condiciones de vida inadecuadas (dieta cualitativa y cuantitativamente inadecuada, contaminación física y química, estrés), no se puede alcanzar e influir parcialmente.

Hoy en día, las pruebas comunes, basadas en la experiencia, que a menudo no se entrelazan negativamente con la creencia y la esperanza, no siempre logran socavar los datos estadísticos sobre la eficacia, pero sí encuentran resultados positivos en un gran número de investigaciones difíciles de resumir. Las investigaciones farmacológicas sobre estos principios han encontrado pruebas de todas las supuestas acciones biológicas: antibacterianas, antimicóticas y antihelmínticas, antilipémicas y reductoras del colesterol.

También tiene acciones antihipertensivas, fibrinolíticas, antiagregantes plaquetarios, hipoglucémicas, antiespasmódicas y antiinflamatorias. Por separado presentamos entonces, para destacarlas, dos de las acciones más interesantes y estimulantes para posibles desarrollos y contribuciones en términos de salud como la acción inmunoestimulante y antineoplásica.

La prevención a lo largo del tiempo

Por lo tanto, la ingesta alimentaria constante de ajo (aproximadamente igual a 5-10 mg por día de aliina) puede producir, en asociación con una dieta adecuada (frutas y verduras frescas, fibra vegetal, cero azúcar, bajas grasas animales, menos aditivos químicos) y un estilo de vida apropiado (peso corporal adecuado, actividad física, abolición/reducción de toxinas exógenas como el tabaco y el alcohol), un importante correctivo de aspectos degenerativos como situaciones dismetabólicas (hiperdislipidemia) y disfunciones circulatorias (hipertensión arterial, aterosclerosis y trastornos irritativos, alteración de la viscosidad y la coagulabilidad de la sangre) e incluso displasia tisular (neoplasias del tracto digestivo y más allá) y alteración de la función inmunológica.

Por todo ello, no es necesario tomar en el momento de necesidad y urgencia un preparado natural-farmacológico a pesar de o contrario o incluso adicionalmente con la indicación del Especialista (generalmente con indicación alopática); en cambio es aconsejable comenzar a tiempo y tomar comportamientos autónomos medidos pero capaces de germinar con el tiempo.

Sin embargo, es aconsejable que la hipótesis de estos productos y del mismo principio natural (en las cantidades asumidas) se comunique siempre al médico, como información útil y apropiada en la comparación cuidadosa con el uso contemporáneo de otros medicamentos.

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